Cuando la magia fue inventada, surgió el primer grimorio: lugar propicio para resguardarla y mantenerla en secreto. Aunque los grimorios no saben estarse quietos, porque no son libros, son palabras que necesitan salir a ver el mundo.
Observa con tu ojo bueno, el mágico, y encuentra los hechizos que están por doquier; distingue lo real, lo importante, conoce mundos nuevos y descubre que es imposible dejar de ser.
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