SuperFede dedica sus días a proteger a los demás, hasta que su traje se rompe y se ve obligado a tomarse un descanso. Ese día libre se convierte en una revelación: descubre que también le apasiona dibujar, bailar, cuidar flores y jugar con sus amigos. A través de esta tierna historia ilustrada, Luis Amavisca y Gusti nos invitan a reflexionar sobre los estereotipos de género y la libertad de ser uno mismo. Una celebración del valor, la sensibilidad y la autenticidad en la infancia.
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