David B., el gran autor de Epiléptico, crea una mitología del más allá: el País de los Muertos resulta tan terrible como maravilloso.
David B. desarrolla una persecución metafísica a través de un más allá repleto de sombras y recovecos. Dibujado en tinta china con gran meticulosidad, el País de los Muertos resulta tan terrible como maravilloso. En él, todo es tan efímero que cada día los edificios se transforman, impulsados por la llegada de nuevos edificios muertos, y todos sus habitantes temen al temible gobernador: una criatura canina con un olfato infalible.
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