"Después de la muerte de Dios, la muerte del prójimo representa la desaparición de la segunda relación esencial para el hombre. El hombre cae en una soledad esencial. Es un huérfano sin precedentes en la historia". El autor se pregunta si ha llegado el momento de aceptar abiertamente lo que todos vemos y experimentamos: también el prójimo ha muerto.
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