«Mi autorretrato es una tarántula sin ojos», escribe Elaine Vilar Madruga, y los poemas de Las tarántulas son, entonces, esa telaraña que atrapa a memoria del cuerpo, el agujero desde donde emergen los miedos, y los deja a la vista.
Fiel a su estética, que reivindica la belleza de lo macabro, lo pútrido y lo animal, y con una precisión magnífica, la autora nos invita a mirar de cerca eso que siempre estuvo bajo nuestros pies: lo que crece y vive en la oscuridad, como la tarántula, esperando el momento oportuno para revelarse.
«Leer a Elaine Vilar Madruga es mirar de frente las mil caras de las significaciones impensadas de lo cotidiano, es un despojo constante de inocencia». –Yuliana Ortiz Ruano
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