El bolso de mano es a la vez la fantasía de la mujer y el reflejo de su realidad. Es el deseo de la mujer sublime, el sueño de la niña y una compra habitualmente irreflexiva. A menudo, la mujer se ve en la obligación de justificarse, con razones prácticas para ella, pero desconcertantes para su pareja, que contempla con estupor tantos otros bolsos olvidados como cuerpos marchitos en el armario.
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