Cuando era niño, el narrador de esta historia vio jugar a la selección brasileña en el estadio Jalisco, durante uno de los partidos del mundial México 70. Como todos los espectadores, quedó fascinado por el talento de los jugadores y conmovido por la esperanza, pues esa tarde la verdeamarela cumplió con la conjunción de felicidad y belleza que el futbol promete. Con ese recuerdo, creció pensando que quería ser brasileño y, ya adulto, se mudó a Río de Janeiro para buscar la alegría en el país donde los sueños se cumplen. Allá se enamoró de tres mujeres, cambió al Atlas por el Flamengo y llevó una vida tranquila hasta que un día el chispazo de una idea volvió a encender la ilusión de la aventura. Imaginó que crear un equipo que replicara las hazañas de la selección brasileña del 70, como una obra de teatro, haría vivir al público la euforia que él sintió aquella tarde de su infancia en Guadalajara, y que eso sería el negocio de su vida. Buscó a los dobles de Pelé, Gérson y Jairzinho, y consiguió a un socio que pronto organizó una gira del espectáculo por los pueblos de Jalisco. Viajó a México con sus jugadores-actores, pero su empresa quedó secuestrada por el lavado de dinero: vendieron muchos boletos pero nunca lograron replicar las jugadas.
Al estilo Jalisco narra la historia de un joven mexicano obsesionado con la selección brasileña de fútbol de 1970, a la que considera el ideal de perfección. Impulsado por esa fascinación, emprende un viaje a Brasil que se convierte en una búsqueda personal marcada por el desencanto, el humor y la reflexión sobre los sueños y la identidad. A lo largo de la novela, Villalobos mezcla ironía y crítica social para mostrar el contraste entre las fantasías culturales y la vida real.
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