«¿Cómo escribiría Proust si hubiera sido mexicano, si tuviera que contarse ese primer amor de iniciación en Veracruz? Quizá como lo hace Héctor Justino Hernández.»
-Eloy Urroz
Tienes 18 años y estás por terminar la preparatoria. Vives en Xalapa con una tía a quien le debes tu amor por los libros y por David Bowie. Te gusta un compañero de la escuela llamado Daniel y estás en ese momento de la vida en el que el intenso sabor de las primeras veces se confunde con la sensación de para siempre. Pero las cosas nunca son así de simples; a pesar de tu juventud, cargas con nostalgias inasibles. Extrañas otros tiempos, otras versiones de ti mismo, cosas que no pasaron. No tuviste oportunidad de decirles a tus padres, antes del accidente, que te gustaban los chicos. Piensas que lo hubieran aceptado, pero eso no podrás saberlo nunca. Te miras al espejo. Ésta es tu historia.
Héctor Justino Hérnandez ha escrito una extraordinaria novela de formación, íntima y total, porque total es cada emoción que experimentamos al transitar por ese dulce campo minado que llamamos adolescencia. Tu cuerpo es la casa que habitamos nos recuerda que nuestra única patria posible es la memoria, y que ésta está formada tanto por el amor como por el abandono, por el deseo así como por el duelo. Estamos hechos de lo que encontramos y también lo que perdemos para siempre.
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