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El disco de vinil fue el primer formato comercial de grabación y reproducción musical casera. Su llegada al naciente mercado de la música transformó los hábitos de escucha y consumo musical. La posibilidad de apropiarnos y escuchar de manera ilimitada a nuestro cantante, pieza o canción preferida era algo invaluable.
Su calidad y fidelidad sonora, hicieron del vinilo el formato preferido por el mercado musical por más de 60 años. Sin embargo, su tamaño, difícil transportación y almacenaje, así como su fragilidad, lo convirtieron en un objeto fácil de desplazar a la llegada de los formatos pequeños: primero el cassette en la década de los 80's y después el CD, en los 90's. Así, el vinilo quedó relegado como un formato sólo para los DJs profesionales.
A la llegada del mp3 y los formatos digitales de intercambio de archivos, el vinilo parecía ya un objeto destinado al desuso. Sin embargo, músicos, DJs y melómanos añoraban la calidad y fidelidad sonora que ofrecía el vinilo. De tal suerte, el inicio del siglo XXI está marcado por el resurgimiento del disco de vinil, que si bien no es una clara competencia al mp3 ni el iPod y demás sistemas digitales de almacenamiento y reproducción musical, sí ha representado una nueva forma de coleccionismo, representando un buen negocio que lejos de ser una moda pasajera, crece cada día más.
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