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Un thriller policiaco post-guerra

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Un thriller policiaco post-guerra
<b>Green for danger. Sidney Gilliat</b><br /><br />
Al terminar la Segunda Guerra Mundial no solo el panorama mundial había cambiado para siempre. El arte, registrando fielmente su entorno inmediato, también había modificado sus temas e intereses incorporando en algunos casos situaciones y/o personajes perfectamente reconocibles del recién terminado conflicto, para ofrecer al público un equilibrio entre la reflexión seria, la comprensión histórica, y el entretenimiento como paliativo que le hiciera olvidar la pesadilla vivida, proponiendo al respetable diferentes formas de mirar lo sucedido y de reconstruir los sueños colectivos. En el caso del cine, 1946 fue el año en que Roma bajo la ocupación del ejército norteamericano sirvió como marco para el drama sobre el fin de la inocencia en "Shoeshine" de Vittorio De Sica; Alemania buscó el ajuste de cuentas con el horror nazi entre las ruinas de Berlín en "The murderers are among us", de Wolfgang Staudte; Orson Welles hizo lo propio con el thriller "The Stranger", donde un criminal nazi intenta hacer de las suyas en los Estados Unidos de Norteamérica; William Wyler realizó el descarnado análisis del difícil proceso de readaptación de los soldados que regresan a casa en "The best years of our lives". Otros cineastas, sin embargo, decidieron realizar filmes cuyo objetivo era meramente el de entretener al espectador. Así, encontramos películas como "It`s a wonderful life" de Frank Capra, "Beauty and the Beast" de Jean Cocteau, "My darling Clementine" de John Ford, y un puñado de espléndidas joyas del film-noir: "Gilda" de Charles Vidor, "The Big Sleep" de Howard Hawks, "The strange love of Martha Ivers" de Lewis Milestone, por citar algunos ejemplos. En el caso de Inglaterra -uno de los principales beligerantes por parte de los Aliados-, el séptimo arte entregó obras de gran interés y muy alta calidad protagonizadas por un espléndido ramillete de excelentes actores -Deborah Kerr, Trevor Howard, Alec Guinness, Herbert Lom, Basil Rathbone- bajo la dirección de sólidos cineastas como David Lean ("Great Expectations"), Michael Powell y Emeric Pressburger ("A matter of Life and Death"), Frank Launder ("I see a dark stranger") y Sidney Gilliat ("Green for Danger").

Basada en el segundo libro de un ciclo de siete novelas protagonizadas por el entrañable inspector Cockrill -surgido de la pluma de la reconocida escritora de misterio Christianna Brand (1907-1988)-, "Green for Danger" fue adaptada y llevada a la pantalla por el propio Sidney Gilliat (1908-1994), quien había destacado anteriormente como guionista para Robert Stevenson ("The man who changed his mind"), Alfred Hitchcock ("The lady vanishes") y Carol Reed ("Night train to Munich"), consiguiendo uno de los mejores thrillers de suspenso realizados en la Inglaterra de posguerra, modesto en su realización pero definitivamente sobresaliente en su resultado.

Desarrollando con ingenio una minuciosa revisión de todos y cada uno de los tópicos del mejor cine de detectives en el marco de los incesantes bombardeos de la aviación nazi sobre Inglaterra, en "Green for Danger" Sidney Gilliat nos sumerge en la maraña de insospechados secretos que ocultan un grupo de médicos y enfermeras que trabajan en un hospital militar improvisado en una lúgubre casa ubicada en la campiña inglesa; oscuras revelaciones que empiezan a surgir a la luz después de que Joseph Higgins, un inocente cartero, entregue un misterioso mensaje al doctor Barnes (Trevor Howard), anestesista que arrastra a cuestas un pasado turbulento. Poco después de entregar la carta, Higgins es herido por el estallido de una bomba y es devuelto al hospital para ser intervenido quirúrgicamente en una operación rutinaria y sin mayor complejidad. A cargo de la intervención se encuentra el doctor Eden (Leo Genn), destacado cirujano que sostiene un notorio flirteo con la enfermera Linley (Sally Gray) a despecho de Barnes -exnovio de la chica- y de la posesiva Hermana Bates (Judy Campbell) -exnovia de Eden-. Para complicar el asunto, la operación será asistida por la enfermera Sanson -una chica muy nerviosa a quien el doctor Eden ha tomado bajo su protección por misteriosa razón- y por la enfermera Woods -cuya voz resulta inexplicablemente familiar al cartero herido-. Los preparativos para la operación inician, pero Higgins muere en la mesa, en el momento en que Barnes lo está anestesiando. Al parecer se trata de un deceso más, como puede suceder en cualquier momento, en cualquier quirófano. Sin embargo, poco después, en el transcurso de una fiesta en que el doctor Eden no ha dejado de cortejar ni un momento a la enfermera Linley, la Hermana Bates, enloquecida por los celos, anuncia a los cuatro vientos que la muerte del cartero no fue accidental sino un asesinato, y que posee pruebas del hecho. Esa misma noche la Hermana Bates es encontrada apuñalada; ninguno de los cinco implicados en la fallida operación puede dormir tranquilo, porque todos saben que uno de ellos es el asesino. Y es entonces cuando, enviado por Scotland Yard, hace su aparición el cínico inspector Cockrill (Alastair Sim, espléndido), un detective muy sui-generis que parece no temer a nada salvo a las bombas nazis, y que al leer novelas de misterio cree, con orgullo, haber descubierto al culpable para, al llegar a la última página, descubrir que se ha equivocado. El objetivo de Cockrill es muy claro: resolver los dos asesinatos e impedir que se cometa el tercero...

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